Desafío a la razón — El Nacional

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Desde hace mucho creo que vivir en nuestro país es un desafío a la razón y, además, agrego valorando la situación, como nos mantiene con la mente alerta, en permanente explicación, búsqueda de respuestas, averiguaciones, y hasta investigando el eterno ¿por qué? De haber vivido estos últimos 53 años en otro lugar, mi vida hubiera sido demasiado chata emocional e intelectualmente hablando.

Feliz de ser dominicana porque, como decía el poeta, abogado y diplomático argentino, Leopoldo Díaz, uno de los mejores sonetistas de nuestra lengua, en el primer cuarteto de su soneto Patria: “Patria es la tierra donde se ha sufrido. Patria es la tierra donde se ha soñado. Patria es la tierra donde se ha luchado. Patria es la tierra donde se ha vencido”. Y aquí, está la mía.

Es un desafío a la razón de las dominicanas entender por qué un ministro de educación, alegando “que no se usa”, borrara de un plumazo la Orden No. 33-2019, prioridad del diseño e implementación de la política de género, parte de compromisos nacionales e internacionales, acordada, consensuada y necesaria. Y doble reto al entendimiento comprobar la connivencia del poder formal y de facto con esa medida.

Es un desafío a la razón de las dominicanas que, quienes dicen representar al pueblo del que somos la mitad formal y, contributivamente más, considerando nuestro aporte social en cuidados a la ciudadanía, pretendan vulnerar la representación de las mujeres en las candidaturas electorales.

Es un desafío a la razón que, a las dominicanas embarazadas por violaciones e incestos, o con productos inviables, o con riesgo mortal para alumbrar, sean obligadas a literalmente suicidarse, vital y emocionalmente, violentando -sin precedente ciudadano alguno- todos sus derechos.

Porque a los hombres la ley no los mata en ninguna circunstancia. Y porque, la coherencia de poder elegir con despenalización de tres causales no obliga a ninguna a abortar, mientras ahora, legalmente obliga a todas a morir.

Es un desafío a la razón que, se desproteja desde el Estado, a las personas de sus derechos adquiridos, fundamentados y establecidos, discriminándolas por género, identidad u orientación sexual, manteniendo la doble moral que sí, cobra sus impuestos y los cuentan en el aporte.

Es un desafío a la razón que no se respeten ni garanticen los derechos de las trabajadoras, incluyendo las domésticas y tampoco se ejecute el Convenio 190 sobre acoso sexual laboral.

Y vivimos retadas, provocadas y desafiadas, animando la propia inteligencia y discernimiento, aprendiendo a no ser vencidas nunca.



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