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A Esmeralda

Hubo una declaración de una jovencita, embarazada de dos meses, cuyo profesor de matemáticas intentó hacer abortar con un sexo violento provocándole la muerte por desangramiento:
Un Día de San Valentín, ella dijo: “No he recibido ni un ramito de flores hoy y nunca lo recibiré. Estoy segura que solo recibiré flores cuando me muera”.

Nunca he olvidado esa frase, por eso en este Día de San Valentin le dedico el artículo.
Son las flores que nunca recibió y que cada muchacha de barrio debería, aunque la fecha en sus orígenes nada tuvo que ver con flores, peluches y chocolates, propagandas del mercado.

De hecho la fecha lo que celebra es un asesinato. La decapitación en el 270 AC, durante la época romana, por el emperador Claudio II, de un médico que se ordenó sacerdote y que casaba en secreto a jóvenes a quienes el gobierno les había prohibido desposarse porque estaban destinados a la guerra.

En el año 426, después de Cristo, el Papa Gelassio estableció el 14 de Febrero para celebrar a San Valentín, una festividad que reemplazaba al Festival de la Fertilidad del pagano Lupercalia, cuyos orígenes se remontaban a la antigua Roma.

Es solo en el siglo XVI que esta festividad se vuelve popular en Inglaterra y Francia, y se adopta en la colonia de norteamérica, provocando que el Papa sacara la celebración del calendario litúrgico.

Esto no impide que San Valentín capture la imaginación popular y que se manifieste en las artes plásticas, en obras como El Beso, de Gustave Klimt; La Siesta, de Van Gogh; Novia Judía, de Rembrandt; y El Jardín, de Renoir.

Es Geofrey Chaucer, el poeta más importante del Medioevo y padre de la literatura inglesa, quien primero se hace eco de la relación amor-naturaleza, en un poemario que se llama “El parloteo de los pájaros”, donde cada ave representa una jerarquía social y todos están en proceso de parearse.

Escrita en un lenguaje sencillo, “porque Platón decía que las palabras debían corresponderse con la acción”, y según él “En la Biblia, el lenguaje del propio Jesucristo era claro y directo”, Chaucer canta a la libertad de elección y al amor, y respeta por primera vez la decisión de las mujeres (las aristócratas, claro) a elegir si quieren casarse o no.

Hay una estrofa sobre el amor que me hizo pensar mucho en Esmeralda y en todos los enamorados y enamoradas, en el Día de San Valentín:

“Tan cortas nuestras vidas, tan duras las lecciones, tan difíciles las pruebas, tan repentina la victoria, tan tenue la esperanza de alegría que tan fácilmente se evapora en miedo”.
¿Valdrá el amor, la vida?



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