Parte 1: «Las muertes de Deisy Toussaint»

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Le morti di Deisy Toussaint

Dos veces he muerto en mi vida. Una con dos años en el 1989 y otra con veinticuatro en el 2011.


Esta inverosímil afirmación bien podría inducir a algunos a concluir la lectura, a otros sin embargo, a continuarla acuciados por una morbosa curiosidad. Pues bien, es rigurosamente cierto, o casi, porque en realidad no recuerdo nada. Al menos de la primera.


Debía estar allí, fría, entre aquellas cuatro paredes. Pálido el rostro, vestido blanco y una corona de flores adornando mi cabeza…


En realidad mi piel debió estar macilenta todo el tiempo que permanecí prostrada en el hospital Robert Reid Cabral, antiguo Angelita, en la ciudad de Santo Domingo.


Siempre me he preguntado qué pudo pasar por mi mente en aquel trance, ¿escuché todo?, ¿tuve miedo? A tan corta edad solo quedan sensaciones de un recuerdo vago, apenas perceptible en la memoria.


Mucho tiempo después sabría que el responsable de aquel equipo médico firmó con pesar mi defunción, y casi por cinco horas permanecí en el lugar más frío y macabro del sanatorio: la morgue. Supongo que acompañada de otros cadáveres. Supongo también que sin conocimiento, porque de haberlo tenido, habría llorado sin consuelo.


Nadie supo precisar el origen de mi mal; pero a decir verdad, para mi padre, Ramón De Jesús, tampoco constituyó ninguna sorpresa. Desde mi prematuro nacimiento con tan solo cinco meses y medio de gestación, no quiso hacerse ilusiones, ni siquiera fue a declararme en el Registro Civil. Testaruda y perseverante, mi madre, Ana Rose Toussaint, lo hizo por él y me dio su apellido haitiano.


Mi madre había venido indocumentada a la República Dominicana en el 1977. Se quedó en esta parte de la isla buscando una mejor vida en un lugar con más oportunidades. Se casó con Alejandro Pie, haitiano naturalizado como dominicano y tuvo su primera hija; tres años más tarde se separó. Luego conoció a Ramón De Jesús, dominicano, y de ahí nacimos mis cuatro hermanos y yo. La diferencia de edad entre nosotros oscilaba entre dos y tres años, mi padre alternaba la mecánica y la construcción pero a penas ganaba para darnos de comer. ( ) Ella trabajaba asistiendo en casas de familia, pero también se ayudaba aplicando todos los conocimientos de medicina natural trasmitidos por su padre, Vertizó Toussaint, quien a su vez fue nieto directo de Toussaint Louverture… pero esa es otra historia.


En mi memoria más lejana recuerdo a mi madre como la “doctora” del barrio. Por casa pasaban a cualquier hora personas con todo tipo de quebrantos que ella trataba, y aunque asegura que jamás se permitió cobrar honorarios por sus servicios, también es cierto que se hizo acreedora de una buena fama y de excelentes relaciones, que a la postre redundaron en algunos beneficios. De hecho consiguió que Doña Emma Balaguer, “hermanísima” del presidente de entonces, le consiguiera algunas becas escolares para nosotros.


La desgracia llegó al humilde hogar en forma de una misteriosa dolencia que según dicen me aquejó. Cuando tenía un año y seis meses mi escuálido cuerpecito se comenzó a inflamar sin causa aparente, al menos para los conocimientos de mi madre. En el hospital los médicos tampoco la encontraban y si lo hicieron no fueron muy explícitos, el caso es que los medicamentos que recetaban estaban fuera de nuestro alcance.


Para comprar leche especial, sueros y medicinas, mi madre se vio obligada a malvender todos sus enseres, toda su ropa, todos sus muebles, cama incluida.


Finalmente perdió la batalla. (Continuará…)

Fuente: Deisy Toussaint
Revista AfroHispanic Review (EEUU)

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