O todos o nadie

SANTO DOMINGO, República Dominicana.-Tendrán que reconocer, los que inventaron el apodo, que de “la tayota” ya queda poco o nada. El presidente Abinader plantea unos discursos muy directos y los pronuncia con el entusiasmo del que cree posible convertir los proyectos en realidades. Y nos ahorra, a los que le escuchamos, la letanía de pesos y centavos con que anteriores mandatarios inflaban sus alocuciones. (Cifras que, por cierto, nadie podía refutar.)

Triunfalista para unos, en clave de reelección para otros, sin la mínima autocrítica para los recelosos, el discurso no dejó a nadie indiferente.

Quizá la escenografía fue excesiva y no se dijeron grades novedades. Pero fue un buen compendio, muy bien pronunciado, de un programa de gobierno que desde sus inicios se enfocó en conseguir mover la maquinaria adormecida por la pandemia, mostrar resultados concretos y movilizar a las “fuerzas vivas” en torno a los mismos objetivos.

Hay ganas de que al presidente le salgan bien las cosas. El éxito de su gestión implica el éxito de todos, y aunque esto sea cierto para cualquier mandatario, lo es más en una coyuntura como la que vivimos: o nos salvamos todos o no se salva nadie. Torpedear no tuvo sentido en este primer año pero ahora comienza una nueva etapa y a la desdibujada oposición se le siente con ganas de recomponerse y hacer ruido.

Las inversiones van de norte a sur y eso se aplaude. Se toma en serio el tema del agua y eso se agradece. Se retoman proyectos incomprensiblemente abandonados, como el puerto de Manzanillo, y eso gusta. Habrá que ver con cuidado la idea de reformar la Constitución y qué significa blindar la independencia del Ministerio Público, porque una cosa es la teoría y otra la práctica…

Fuente: DL

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