Las manos virtuosas de Omar Ubrí

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Gina Medina Farias, M.A.

SAN JUAN, República Dominicana.-La tarde del viernes 30 de abril traspasé el umbral de las puertas de caoba del Centro Cultural Monina Cámpora, las paredes de manera sigilosa, se movían poco a poco transformándose en unos hermosos árboles frondosos. El olor a pino, jazmín y azahar se mezclaban con otros aromas sutiles que no pude distinguir en el momento.


En un extremo a la izquierda, se encontraba en el encantador bosque, el violinista Luis Antonio Tejeda, que con sus nocturnos tristes y embriagadores entreteje una malla invisible cumpliendo con el rol de protección que los dioses de las esferas le encomendaron.


Con una gran sonrisa de bienvenida, me mostró una escalinata de piedra en donde en un enorme tronco había tallada una puerta con una vieja cerradura de metal incrustada, de sus bolsillos extrajo una hermosa y extraña llave antigua (se veía algo pesada) que introdujo rápidamente en el cerrojo. El sonido seco del metal descorrió el cerrojo y unos goznes chirriantes avisaron que la puerta comenzaba abrirse lentamente y cruzando ésta me encontré en un extraño lugar.


La penumbra era silenciosa, nada interrumpía, ni siquiera un ligero trinar de un ave o algunos pasos presurosos de algún animalito que pudiera esconderse tras los arbustos. Las arenas del cronos se habían detenido, se sentía una especie de sopor que invitaba a relajar los sentidos.


La densidad del espacio estaba lleno de vida, había una gran variedad de flores verdaderamente hermosas de todos los colores, se vivía la mezcla de fantasías, junto a lo desconocido y lo onírico, convirtiendo el lugar en el sueño surrealista de todo paisajista, donde lleva a una calzada empedrada que estaba bordeado de unos extraños cristales cuyos prismas de colores iluminaban el camino que se dirigía hacia un claro del bosque.


Allí, iluminado por un fuerte foco de luz, se encontraba un hermoso piano de cola negro, muerto en el medio de todo. Mire en mi derredor buscando la mejor raíz para sentarme. Acomodando en mi regazo la capa de terciopelo gris, bordada con los hilos de plata de los rayos de la última luna, esperaba pacientemente la hora acordada. Lentamente el tiempo volvió a caminar. A lo lejos se escuchaban pasos apresurados, voces susurrantes, estallidos de ramas secas y de un momento a otro las raíces acomodaron un público selecto de grandes y pequeños.


La presencia del director Luis Antonio atrajo las miradas donde daba las más cordiales bienvenidas al evento esperado. De paso, llamó al claro del bosque al señor Arquitecto Gamal Michelen, viceministro del Ministerio de Cultura, quien tendría a su cargo la presentación del concertista del crepúsculo de la tarde.


La voz hipnotizante del señor Michelen nos llevó a recorrer las diferentes etapas vividas del virtuoso pianista, desde su nacimiento, preparación académica hasta su praxis laboral, donde ponía de manifiesto el talento maravilloso del intérprete del piano, el gran Omar Ubrí.


Pero el clímax de su discurso fue precisamente en la presentación del repertorio: Obras de F. Chopin, Selecciones Españolas y Latinoamericanas. En esos minutos se puso de manifiesto los grandes dotes de pedagogo, donde con una extraordinaria facilidad pudo concatenar desde los tiempos de Chopin, hasta la poesía negroide de Fortunato Vizcarrondo ¿Y tú agüela, aonde ejtá?. Una sorprendente maqueta de ideas que estructuraba prácticamente todos los movimientos que se habían producido en las diferentes dimensiones de las Bellas Artes, excelente ponencia que nos dejaba esperando por más, y allí, cortó el introito y sin más preámbulos dio paso al tan esperado concertista del piano, Omar Ubrí.


Como toda alma grande, el maestro Ubrí con una humildad que solo puede ser desplegada por personas con talentos extraordinarios, se sentó en su asiento y en una especie de trance sus dedos acariciaban las teclas del piano, el crescendo, el fortissimo y pianissimo ahogaban las emociones que destilaban los cuerpos allí presentes, lagrimas corrieron por las mejillas, corazones fuertemente aprisionados en los pechos, sangre corriendo locas por las venas y pieles de gallina que seguían cada movimiento encadenadas a las cadenas de plata de la maravillosa interpretación de este joven extraordinario.


Las notas, los sostenidos y bemoles subían en volutas de humo materializándose en hermosos cristales prístinos tornasoles que iban desapareciendo luego. Tanta pureza nunca podrá quedarse tangible en nuestro tiempo.


Bajé por un momento la mirada, y todo se desvaneció…..Y como todo comienzo………Lamentablemente, también….todo tiene un final……..las significativas palabras del gran coloso intelectual Gamal Michelen y el director del Centro Cultural, Luis Antonio Tejeda, tal y como lo dijeron; quedaron cortos al tratar de describir la magia que se cristalizaron en las manos virtuosísimas de Omar Ubrí.
Felicidades al Ministerio de Cultura y muy especialmente al director del Centro Cultural Monina Cámpora, Luis Antonio Tejeda por eventos como este.

Desde lo mas sublime de mi ser, les agradezco en nombre de todos los que vivimos tan maravilloso momento, y les exhortamos a seguir fomentando el arte y la cultura con esa visión y tan alto nivel. El arte puede ser clásico o popular, o simplemente ser arte, pero debe fomentarse siempre, principalmente en los niños, por el bien de nuestros pueblos. De mi parte hoy a ustedes las gracias…!

Vivido, pensado y escrito por la artista de la pluma; Gina Elinor Medina Farías para GRUPO CRÓNICAS 2.0.

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Henry Zacarias

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Un comentario en «Las manos virtuosas de Omar Ubrí»

  • el 3 de mayo de 2021 a las 10:11 PM
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    Excelente escrito Gina, al leerlo perecería que estuve allí, por la dinámica y cuidadosa elocuencia con que detallas cada momento de aquella velada, gracias por hacernos participe de esta gala… aun en la ausencia.
    Felix Dini

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